Los pirineos franceses constituyen todo un mundo por explorar y un entorno ideal para disfrutar de la naturaleza, en perfecta combinación e integración con el ocio y la cultura. La vertiente francesa de los pirineos se alza como una cordillera majestuosa desde el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, siempre en estrecho contacto con la frontera española, país con el que se fusionan muchas tradiciones y costumbres.

 

Una zona caracterizada por el turismo respetuoso y de calidad

Desde hace ya algunos años, el turismo es con mucha diferencia el motor económico de prácticamente la totalidad de la región pirenaica francesa. Las casas rurales, hostales, hoteles y campings satisfacen las necesidades de alojamiento de unos turistas que, aunque puedan tener inquietudes diversas, todos ellos muestran una gran respeto por la naturaleza.

Las estaciones de esquí y las empresas de deportes de montaña y aventuras se dedican a explotar, siempre bajo criterios racionales y de sostenibilidad, las grandes posibilidades de ocio de la zona, donde tampoco se echan en falta la estaciones termales para aquellos que buscan un tipo de turismo mucho más relajado e incluso medicinal.

A lo largo y ancho de esta parte gala de los pirineos, el amante de los deportes de naturaleza y de aventuras se va a sentir en el paraíso, ya que va a poder elegir entre un amplísimo espectro de posibilidades: escalada, senderismo, rafting, kayak, rutas en bicicleta de montaña o paseos a caballo. Y estos son solo algunos ejemplos, puesto que si subimos el nivel de emoción podríamos citar también deportes que son adrenalina en estado puro, como el parapente o el paracaidismo. Y la lista sería interminable.

Refiriéndonos al turismo cultural, cabe reseñar que el patrimonio de los pirineos franceses es excepcional y un fiel reflejo de la huella de diferentes culturas: iglesias, palacios, castillos, casas particulares de época y hasta restos prehistóricos.

Por otro lado, los pueblos pirenaicos franceses conservan un arraigo muy importante a sus tradiciones: las celebraciones de carácter mitológico o religioso o los bailes tradicionales constituyen algunos ejemplos.

 

Una zona especialmente bella: la Cerdaña francesa

La Cerdaña es un territorio que se extiende por diversas zonas de España, concretamente de Catalunya, y de Francia. A la parte francesa se le denomina Alta Cerdaña, mientras que la Cerdaña que pertenece al territorio catalán recibe el nombre de Baja Cerdeña.

El conjunto del territorio que configura la Cerdanya en su totalidad se encuentra limitado con Andorra, el Ariège, el Capcir, el Conflent, el Ripollés, el Berguedà y el Al Urgell.

La Cerdaña francesa se encuentra ubicada en la zona central del Parque Natural Regional de los Pirineos, siendo una zona de inmenso atractivo porque conforma un valle inmenso repleto de ríos y otras bellezas de la naturaleza, inmejorables rutas para hacer senderismo y un sinfín de pueblos medievales y de alta montaña.

A modo de complemento de este entorno idílico, nos encontramos con estaciones de esquí capaces de hacer la delicia de los practicantes de este deporte más experimentados y exigentes, como la de Font-Romeu o la de Bolquère.

También destaca el pueblo de Mont-Louis, elegido en el año 2008 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, por tratarse de un precioso pueblo fortificado diseñado por Vauban. Otra lugar particularmente interesante es la zona de los lagos de Bouilloses, muy conocidos por su espectacular belleza y el lago de Matamala, que ofrece todo tipo de posibilidades de ocio: nadar, salidas en barco, kayak, vela, parques de aventura, hípica y hasta un parque zoológico con animales autóctonos de los Pirineos.

 

El paraíso de las setas

Con la llegada de las lluvias de Otoño, el Berguedá se convierte un frondoso jardín de setas. Realmente puede ser apasionante y muy divertido salir en familia a coger setas, aunque por la peligrosidad de poder encontrarnos con especies venenosas, esta afición siempre se debe practicar bajo la tutela de algún experto.