¡Naturalmente!

Abrazar un árbol: una terapia sorprendente

Abrazar a un árbol es una terapia natural muy interesante. Es una práctica más antigua de lo que parece, y que muchos estudios científicos empiezan a ver los efectos positivos que transmiten al cuerpo humano.

Alivio de dolores, reajuste de la presión arterial y la temperatura corporal, estímulo para curar heridas y fracturas… Todo esto y mucho más con algo tan sencillo como abrazar un árbol.

Los orígenes de esta práctica terapéutica son místicos y espirituales, con milenios de antigüedad. Por ejemplo, las tradiciones celtas, consideraban a los bosques y vegetaciones muchas virtudes y poderes mágicos. Sólo hace falta recordar a los druidas y su importancia en la comunidad como guías espirituales y por sus capacidades curativas. En un mundo sin medicinas ni avances científicos, la naturaleza y sus recursos eran lo mejor que tenían a su alcance.

 

La ciencia detrás de abrazar un árbol

Muchas son las creencias y religiones antiguas que promovieron la práctica de abrazar árboles. Pero, más allá de estos misticismos, y quizás con algo de asombro y de sorpresa, la ciencia ha observado beneficios directos en las personas que lo han probado.

Evidentemente, no es una panacea ni una cura total: un árbol no es un cardiólogo ni tampoco  hace milagros. Pero lo que sí aporta el contacto con árboles y plantas es una mejora a nivel físico y también mental. Este es el resumen al que llegan autores como, por ejemplo Matthew Silverstone y su “Blinded by Science”, tras recoger los resultados de varios estudios.

A grandes tiros, la práctica (o para algunos, incluso el ritual) de abrazar un árbol, ayuda a mejorar la concentración, a rebajar los niveles de ansiedad y a combatir estados mentales negativos, como el estrés o la depresión. Según los estudios, esto se debe, en parte, a las vibraciones que transmiten los árboles y que, pese a ser imperceptibles, afectan a nuestro flujo sanguíneo.

 

Sensaciones a pie de árbol

Lo que está muy claro para todos es que un árbol transmite paz. Quizás sea porque, cuando pasamos tiempo destinado a la naturaleza (y no a pensar en el trabajo, por ejemplo), nos relajamos. Ir a buscar árboles en un paraje natural nos proporciona mucha calma y paz interior.

A eso mismo responde la típica imagen bucólica de leer un libro mientras te sientas a la sombre de un árbol. Aire fresco, distracción positiva, relajación, creatividad y felicidad.

 

Terapia natural: arboterapia y balneoterapia

Abrazar un árbol es una terapia natural, que se engloba dentro de la balneoterapia (del latín, referente a los balnearios). Se trata de terapias basadas en la naturaleza, como el propio nombre indica: ya sea con baños en aguas termales, con baños en fango, o pasando tiempo entre árboles, por ejemplo.

Además, siguiendo la lógica de la balneoterapia, cada árbol aporta unas ventajas distintas. Por ejemplo:

  • Abeto: reduce inflamaciones, y promueve la curación de heridas y fracturas.
  • Olmo: fortalece la digestión y el estómago.
  • Arce: paliativo, reduce el dolor.
  • Acacia: efectivo para calibrar la temperatura del cuerpo.
  • Pino: muy mitificado por distintas tradiciones por sus capacidades curativas.
  • Sauce: regula la presión arterial.

 

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