¡Naturalmente!

Cuerpo, mente y espíritu: ¡equilíbralos!

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¿Sabías que tu ser lo conforman las tres dimensiones que dan título a este artículo? ¿Eres consciente que tu felicidad se supedita al cuidado de las tres por igual? Cuerpo, mente y espíritu, los tres elementos a la vez te representan. De nada sirve centrar esfuerzo en nuestro cuerpo, por ejemplo, si nuestro espíritu está inquieto, o nuestra mente agotada. Lograr el equilibrio entre ellos es la clave para alcanzar una vida plena. En este artículo te explicamos cómo interactúan tus tres dimensiones y cómo equilibrarlas. Y, aunque parece complicado, no te preocupes; haz a un lado esa sensación de vértigo y comienza por aprender y tomar conciencia. ¡El saber lo es todo… y, ya sabes, no ocupa lugar!

 

Conoce tus tres dimensiones

Cuerpo, mente y espíritu. Esos somos. Las tres entidades se complementan. Cuando uno de los tres queda desatendido, aparece el malestar y el sufrimiento. Incluso está demostrado que podemos llegar a enfermarnos.

Es cierto que muchas personas pueden vivir tranquilamente sin lograr un equilibrio del cuerpo, alma y espíritu; pero disfrutarían de una vida plena si lo hicieran. Muchas veces, el desconocimiento, las prisas a las que nos somete la vida moderna, nos limita las posibilidades de ser felices. Por eso, lo más importante es tener la curiosidad y la inquietud de explorar.

Probablemente la parte de ti que mejor conoces es tu cuerpo. Dedicas parte de tu rutina diaria a asearlo, alimentarlo, vestirlo, mimarlo, entrenarlo… La verdad es que nos demanda altas dosis de energía. ¿Te suena aquello de «tu cuerpo es un templo sagrado»? Pues es cierto, nuestro bienestar pasa por cuidarlo. No lograremos un equilibrio si no tenemos buena salud y buen aspecto. Para ello, debemos cuidar la dieta y hacer ejercicio.

 

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Otra dimensión muy presente en nuestro día a día es la mente. Imposible escapar de los pensamientos, las emociones, de la toma de decisiones, preocupaciones… Nuestra existencia y devenir proviene de la mente. Trabajar la concentración y proponernos metas es fundamental para lograr el equilibrio vital. Cuidar la mente implica cuidarnos a nosotros mismos. Tómate el tiempo de conocerla, de conocerte. La escritura y la lectura pueden llegar a tener grandes beneficios para tus emociones, por ejemplo. Aprender, fijarte en cómo trabajan su equilibrio vital otras personas, también es beneficioso y muy enriquecedor.

El espíritu, el alma, eso que nos caracteriza y nos hace únicos es el tercer elemento que nos define. Sin embargo, es mucho más escurridizo que el cuerpo y la mente y, por tanto, mucho más fácil de descuidar. Esta parte inmaterial de nuestro ser debemos cultivarla, mimarla y quererla igual que a las otras dos. Pero ¿cómo? Resulta tan sencillo como tomarte el tiempo de pensar en ti y concentrarte en sentirte bien durante ese momento que te regalas cada día. Enfocar tu presente, el aquí y el ahora, ser plenamente consciente de ti mismo. Dar las gracias por las cosas buenas que nos ha deparado el día. Trabajar las emociones que nos han afectado negativamente… El mindfulness es una herramienta que nos puede ayudar mucho, así como la meditación. Apaciguar el cuerpo y la mente revitaliza el espíritu. ¿Has probado a hacerlo en familia?

 

¿Podemos trabajar cuerpo, mente y espíritu a la vez?

Al principio, es normal que nos centremos en trabajar y cuidar cada una de nuestras dimensiones por separado. Pero a medida que aprendemos y exploramos nuevos horizontes, iremos descubriendo herramientas, filosofías, prácticas y técnicas que nos permitirán trabajar el ser en su totalidad. Cada persona tiene sus tiempos y sus caminos. El destino final, la felicidad, depende de cada uno de nosotros y es una cuestión muy personal. Es decir, no te centres en buscar recetas mágicas, en hacer exactamente lo que le ha funcionado a nuestro vecino, date el tiempo para conocerte a ti mismo y explorar tus posibilidades.

Una buena técnica o filosofía de vida a explorar es el yoga. Con esta práctica milenaria conseguimos trabajar cuerpo, mente y espíritu al unísono. El objetivo de una sesión de yoga es equilibrar las tres dimensiones para lograr ejecutar las asanas. Conectar contigo mismo en todo aspecto. Con el tiempo sentirás como mejora tu higiene postural, tu elasticidad (cuidas tu cuerpo); cómo logras concentrarte, trabajar las emociones, luchar contra tus límites y te pones retos (cuidas tu mente); y, además, te das el tiempo de cuidarte, mimarte, sentirte en equilibrio y en paz (cuidas tu espíritu).

¿El yoga forma parte de tu vida? ¿Conoces la experiencia de gente cercana a la que el yoga haya ayudado a encontrar el equilibrio de cuerpo, mente y espíritu? ¿Conoces otras formas de trabajar  el equilibrio personal? Comparte con nosotros y con los que te rodean tu experiencia y sabiduría. Compartir y contribuir a la memoria colectiva también fortalece el espíritu.

 

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