¡Naturalmente!

Entorno natural del Pirineo: diversidad, tradición y cultura

De haberla podido elegir y diseñar por ellos mismos, difícilmente los españoles y los franceses hubiesen podido siquiera imaginar una frontera natural para separar ambos países tan bella, diversa, espectacular y mágica como los pirineos.

 

Un entorno natural único por su belleza y diversidad

El simple hecho de nombrar “los Pirineos” es hacer referencia a una bellísima cadena montañosa de más de 450 kilómetros que se extiende desde el mar Cantábrico al Mediterráneo. Una maravilla de la naturaleza donde los grandes protagonistas son los ríos, los valles y una increíble y casi inigualable diversidad tanto de fauna como de flora.

En su conjunto, los Pirineos configuran una maravilloso puzle paisajístico conformado por piezas muy distintas. Y haciendo un zoom sobre cada una de esas pequeñas piezas, que serían los distintos territorios que conforman la gran montaña, podemos encontrar a su vez un sinfín de animales, plantas y flores, algunas de ellas especies autóctonas.

Una parte de la fauna de los Pirineos, donde viven en libertad desde el buitre leonado al águila real, pasando por el rebeco o guisard y el armiño, está considerada especie protegida, puesto que su presencia en libertad es ya una auténtica extrañeza.

Con estos antecedentes, ¿es exagerado afirmar que los Pirineos son una auténtico museo faunístico totalmente real, natural y viviente? Lo cierto es que no, para nada. Hasta puede que nos quedemos cortos.

Hemos hablado de riquísima y variada fauna de los Pirineos, pero lo cierto es que la flora no se le queda atrás. Para los amantes de los datos podemos decir que en los Pirineos existen unas 160 especies endémicas (no crecen en ningún otro lugar de la Tierra) de un total de aproximadamente 4.500 especies distintas.

Dentro de la amalgama de flores silvestres que podemos encontrar por todo el Pirineo destaca especialmente la flor de nieve, especialmente abundante en la parte aragonesa, aunque también puede verse en el Pirineo Catalán.

Pero esto es solamente estadística, posiblemente el verdadero y más puro valor se encuentra en la alfombra multicolor natural que conforman todas estas especies, regalándonos un espectáculo sublime en forma de valles y cimas de ensueño.

Prado Pirineo

 

En los Pirineos no se olvida el legado, las tradiciones y cultura de nuestros antepasados

Pero los Pirineos no destacan únicamente por su  naturaleza. En sus bellos pueblos de pasado medieval, algunos de ellos con un patrimonio arquitectónico por el que parece no haber pasado los siglos, se siguen conservando tradiciones, fiestas populares y hasta oficios ya casi desaparecidos, como la ganadería trashumante.

La cultura tradicional es un cuestión inseparable de los valles pirenaicos, donde podemos contemplar actividades artesanales antiquísimas, como el arte de esculpir chocolate por Pascua y donde todavía se celebran con entusiasmo fiestas y costumbres tradicionales: la Tronca de Navidad (ritual familiar junto a la chimenea), La Morisma (un encuentro entre moros y cristianos) o el Carnaval de Santa Águeda y el de Bellver de Cerdanya.

 

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