¡Naturalmente!

Trabajar las emociones: cuatro actividades para hacerlo con los más pequeños

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Quizás alguna vez te has enfrentado a una rabieta infantil. Es bastante incómodo, ¿verdad? Casi siempre comprendemos lo frustrante que pueden resultarles algunas cosas a los niños. Otras veces, nos gustaría poder montar el numerito con ellos, porque no hay nada más frustrante que no saber qué le pasa  al peque cuando se enrabieta. Erradicar las rabietas no es factible, pero si trabajamos las emociones con los niños podemos lograr que se reduzcan bastante. La clave está en lograr que ellos puedan manejar sus emociones, identificarlas y expresarlas. Para ello nada como jugar.

El juego es la mejor forma de trabajar las emociones con los más pequeños. Sigue leyendo si quieres conocer cuatro actividades aptas para todos los públicos y talantes. (Recuerda que también puedes adaptar algunas de las actividades para mayores).

 

El detective de las emociones

El juego consiste en identificar las emociones, paso previo que hay que trabajar con los peques. Para saber cómo lidiar con ellas, lo primero que hay que hacer es conocerlas e identificarlas.

Prepara un pequeño catálogo de imágenes. Utiliza revistas, libros de cuentos o directamente búscalas en internet. Procura representar la mayor cantidad de emociones. Después, pregunta a los niños qué está sintiendo cada persona y por qué lo creen. Esta actividad es de lo más divertida. Las conclusiones a las que llegan los peques seguro que te arrancan más de una carcajada. ¡Diversión garantizada para todos los públicos!

 

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Las mil y una caras

Esta actividad tiene dos partes. Por un lado, tendremos la oportunidad de crear con los niños las herramientas del juego. Por el otro, realizaremos la actividad en sí, algo que puede sernos útil para un momento concreto o para dilatarla en el tiempo.

Para la primera parte necesitaremos rotuladores permanentes y tapones de botellas, o frascos, de diferentes tamaños. Implica a los niños a guardar tapones; es una forma de fomentar la reutilización de los objetos cotidianos e incidir en la educación ambiental. También pueden ayudarnos a dibujar las caras en los tapones. Hay que representar todas las emociones posibles y en varios grados (no hace falta que lleguemos a las mil caras, pero sí que llenemos el recipiente que destinemos para el juego). Por ejemplo, podemos dibujar una cara triste con unas pocas lágrimas, otra con muchas más y una tercera que, además, tenga la boca muy abierta.

Una vez tengamos listas las caras empezamos a jugar. Para que ellos aprendan el juego basta con ponerles ejemplos. Elegimos una emoción y hablamos de ella. Cogemos una cara sonriente y la relacionamos con algo que nos haya sucedido. Por ejemplo, «hoy me he sentido alegre porque al salir a la calle hacía un sol radiante». Animaremos a los peques a hacer lo propio.

Podemos también acordar con los niños que habrá un lugar en la casa en el que cada quien puede indicar una emoción que haya sentido ese día. En cada una de las versiones del juego la idea es que se generen conversaciones en las que todos se sientan libres de expresar por qué han elegido las caritas. Es importante animarlos a que elijan tanto emociones  positivas como negativas.

 

El frasco de las buenas noticias y el de las malas

Esta actividad se puede extender en el tiempo todo lo que queramos. Es perfecta para trabajar las emociones tanto de forma individual como en grupo. Consiste en meter dentro de un frasco notas en las que hayamos escrito las cosas buenas o malas que han pasado. Es una buena idea identificar los frascos no solo con una etiqueta de «buenas o malas noticia», sino que además podemos pedir a los niños que los decoren según lo que representan. Será otra forma de identificar y relacionar emociones.

Una vez que tengamos los frascos solo hay que llenarlos de noticias. Por ejemplo, «He ido a la fiesta de cumpleaños de Carlos y me lo he pasado genial» irá en el frasco de las buenas noticias. Pero «Me he caído jugando en el recreo y me he hecho una herida» irá en el de las malas. Al cabo de un tiempo resultará divertido y constructivo sacar las noticias y leerlas con los niños. ¿Verdad que han pasado muchas más cosas buenas?

 

El baile de las emociones

Esta actividad además de trabajar las emociones es fantástica para trabajar la psicomotricidad de los peques. Se trata de expresar con el cuerpo las distintas emociones. Prohibido utilizar las palabras, habrá que exprimir al máximo la creatividad para representar la alegría, la tristeza, el miedo… Lo que sí podemos hacer es cantar. Además de ser contagioso, el baile de las emociones es perfecto para todas las edades.

Estas son solo algunos juegos con los que trabajar las emociones con los niños. Seguro que se te ocurren muchas más formas y a ellos también. Si os animáis a practicarlas seguro que se convierte en una buena rutina doméstica. Además, cómo te habrás dado cuenta, que estén diseñadas para niños no quiere decir que no podamos aprovecharlas los adultos.

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